En el corazón de Granada

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Granada me ha cojido el corazón, estoy como herido, convaleciente…

…diría Juan Ramón Jiménez en una carta que en Septiembre de 1924, a la vuelta de su viaje a Granada, dirigía a Isabel García Lorca, llena de ternura y poesía. Esa carta y todo su libro Olvidos prueban con qué hondura supo captar, entender y contar quién es Granada. Se dio cuenta que, al igual que en toda Andalucía, en Granada se concitan miles de años de historia, y cómo en sus piedras, aguas y cielos se funden la cultura y la belleza. Y también entendió cuál es la diferencia entre esta Andalucía que representa Granada y la de Occidente; Granada acaso es menos alegre y abierta, pero es más íntima, más austera, más misteriosa y májica. No fue el único en entender y sentirse fascinado por Granada, le precedieron y le continuaros otros como el gran pensador que fue Ángel Ganivet, o el universal Federico, y tantos escritores, artistas y aventureros románticos que llegaron a Granada en busca de una suerte de revelación que muchos encontraron.

Algo de historia

Los primeros poblamientos datados sobre suelo de Granada tienen 2700 años pero éstos no constituían entonces una ciudad, y la primera ciudad llamada Elvira (60 a.c. al siglo X) romana, visigoda y musulmana, sucesivamente, estaba situada unos kilómetros al Oeste, en las faldas de la Sierra del mismo nombre. Así que Granada, donde está hoy y como ciudad tiene 1000 años y empezó en el Cerro del Albayzín, frente al barrio de judíos de Garnatha al Yehud (en la colina de la Alhambra). A los ziríes corresponde su fundación y vertebración en el año 1010. Serían los nazaríes, cuya dinastía iniciara su caudillo Al-Ahmar el Rojo, los que harían de ella (entre 1238 y 1492) el último y más maravilloso bastión del al Andalus (España musulmana), construyendo la Alhambra y dando refugio a un sueño de arte, ciencia y convivencia. Durante más de 250 años, este reino nazarí que se extendía por todo el oriente andaluz, resistiría la presión castellana. Casi cien años más, hasta la rebelión y expulsión de los moriscos de Granada (1568-1571) aguantaría una cultura no deseada por las necesidades de hegemonía política y la intransigencia religiosa de un todopoderoso Felipe II. Así que, en contraste, con la intensidad y densidad de su cultura oriental, Granada sufrió la mayor expoliación humana por razones de raza y creencia de toda Andalucía. Pero esta tierra y esta ciudad ya tenían la “majia” y la sensualidad metida en su sangre, o en su agua, y lejos de uniformarse o apagarse, conquistó siempre a sus conquistadores, invadió de ensueño a sus invasores y sigue resistiendo hoy la presión del materialismo moderno.

En los s. XVI y XVII, Granada mantiene su prestigio por sus famosas escuelas literarias y artísticas que, junto a su Universidad fundada por Carlos V, hacen de ella uno de los centros culturales más notables de la Península.

Llegamos a un difícil siglo XIX, lleno de revueltas: primero la invasión napoleónica con sus expoliaciones y violencias, y la reacción de rebeldía posterior, el establecimiento del Gran Oriente de la Masonería, rector de aquellas agitaciones; nueva reacción absolutista que le sucedió, en 1823, y que tendría en Granada violenta repercusión, con episodios tan dramáticos como el de la ejecución de Mariana Pineda; en 1835, Granada se alzaría contra el gobierno central secundando la insurrección malagueña del campesinado y en 1836, se levantaría otra vez para proclamar la Constitución de 1812. En 1868, Granada se alineó contra Isabel II y, al proclamarse la República en 1873, los elementos federales dominantes en la ciudad constituyeron el Cantón granadino, disuelto por el General Pavía después de cuarenta y seis días de existencia.

Los terremotos de 1884 y la epidemia colérica de 1885 son fechas que destacan dolorosamente en la historia de Granada, ennoblecida desde la segunda mitad del s. XIX por un brillante movimiento literario iniciado por el grupo de escritores que formaron la famosa “Cuerda granadina”, y que fueron secundados por las actividades de la sociedad literaria “El Liceo” y, más tarde, con las del “Centro Artístico” que, hacia 1888, logra su máximo esplendor. Se mantuvo así una tradición cultural cuyo último exponente, hasta llegar a nuestro siglo, fue la “Cofradía del Avellano”, representada por Ángel Ganivet; sin olvidar al universal Federico García Lorca, cuya obra aún hoy sigue generando estudios literarios y emociones al compás de sus metáforas.

En los siglos XVIII y XIX, Granada es uno de los destinos más frecuentados por los llamados viajeros románticos que acuden a la ciudad atraídos por su belleza y sus leyendas.

Una ciudad privilejiada

La Granada nazarí es el primer itinerario por una Ruta donde se descubre el culto naturista al agua, los baños proliferaron en todo el territorio de Al-Andalus, de lo cual se deduce la importancia que para los musulmanes-andalusíes- tenía el agua que, en el caso del baño, tenía un doble objetivo: limpieza corporal y espiritual.

El Patio de los Leones en el auténtico corazón de la Alambra , es sin duda el ejemplo mas esclarecedor, su famosa Fuente, representación de naturaleza viva, no deja de asombrarnos, la taza descansa sobre doce leones y recoge el agua de los cuatro canalillos orientados hacia los cuatro puntos cardinales.

Este trasfondo histórico y cultural acoge una oferta viva de ocio y cultura. Junto a los grandes monumentos de obligada visita (Palacios de la Alhambra y el Generalife, Catedral, Monasterio de la Cartuja) hay un sinfín de lugares históricos que disfrutar (cármenes, palacios, museos, conventos…) así como edificios que seducen con sus exposiciones de arte o ciencia (Fundación Rodríguez Acosta, Centro Guerrero, Parque de las Ciencias, Auditorio Manuel de Falla…). Además, cada estación tiene su gran encuentro cultural, como la Semana Santa, Festivales internacionales de Música y Danza, Festival de Teatro, Tango, Jazz, etc. y en los barrios viejos y los nuevos se funden las gentes del barrio con el animado público juvenil y universitario, llenando un sinfín de tabernas, bares y bodegas… que han hecho de las tapas una auténtica seña de identidad granadina.

La privilegiada situación de la ciudad, cercana a un tiempo al mar y a las cumbres de Sierra Nevada (con los más elevados picos de toda la península y la estación invernal con más sol de Europa); estar rodeada de una impresionante naturaleza (Parque Nacional de Sierra Nevada y parques naturales de Sierra de Huétor y Almijara); y contar con muy buenas comunicaciones por carretera que la conectan en 1 hora con variados paisajes y comarcas (como la Alpujarra, el Altiplano, el Poniente o la Costa tropical), hacen de Granada un lugar donde cada viajero satisface sus inquietudes, o alojado en un alojamiento con encanto, donde cada viajero encuentra su paz y despierta sus sueños.

 

 

 

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